Mientras leo: La Voluntad de Poder

No sé si soy buena para la filosofía. No sé si tengo esa habilidad de abstraer conceptos intangibles y prácticamente inexorables. Antes me creía capaz de hacerlo, y estaba segura de ser un as al volante cuando de filosofía se trataba. Pero tras un par de rojos en fundamentos y darme cuenta de que apenas había leído unas cuantas cosas elementales y el resto eran videos de youtube, me replanteé mis propias capacidades.

 Pero hay algo que tengo por seguro: la filosofía, al fin y al cabo, es algo que me gusta. Quizá no tanto por los conceptos en sí, sino por su impacto en la sociedad, en la historia, en el pensamiento de los intelectuales y políticos que manejaban el curso de los hechos. ¿Creen acaso que sin Voltaire tendríamos el occidente que tenemos? ¿Que sin Hegel, Hume, para qué decir Nietzsche? Y es de ese último, precisamente, del que quería hablarles.

Hace algunas horas comencé a leer el libro más famoso del autor, La voluntad de poder. Y con respecto a lo poco que llevo, quisiera hablarles del tema, sin un fin en particular más que comentarlo. Imagínate que estuviésemos en una cafetería y entabláramos una conversación sobre el filósofo.

 Ya sabemos que con su muerte (1901) se desataron una serie de procesos históricos, políticos y sociales impactantes. Pero es que su propia obra era particularmente impactante. Él mismo la denominó como un evangelio del futuro, lo que me suena, de buenas a primeras, como un libro prohibido postapocalíptico. Y algo de eso tiene.

 Dice el autor que contará la historia de los próximos dos siglos, lo que ya me recuerda un tanto a la última obra de San Juan. Pero, a diferencia del libro bíblico, La voluntad de poder no condena a los infieles y  tibios de corazón, ni a los “fariseos hipócritas raza de víboras”, como diría Jesús, el antimodelo de Nietzsche. No. Acá los condenados son que se aferran a una ideología muerta.

 Nietzsche habla, entonces, de un término quizá nuevo para algunos, el nihilismo. Cabe señalar que no fue él quien lo inventó, sino un autor ruso, Iván no sé cuánto, en su libro Padres e hijos. No importa. No lo voy a googlear siquiera, porque lo relevante es otra cosa.

 El nihilismo no se define al principio, como uno tendería a pensar, sino ya avanzados unos párrafos de comenzar a leer sobre éste. Pero como esto no es un resumen del texto, sino un comentario, puedo decirles en seguida en qué consiste esta palabra tan usada y malgastada por lo mismo. El nihilismo, entonces, es aquello que produce que los valores supremos pierdan validez.

 Pero, como diría el mismo autor al principio del libro, Europa se venía preparando para ello. La forma de plantearlo me sonó un poco a lo que más tarde se transformaría en la frase más cliché de la filosofía: un fantasma recorre Europa, el fantasma del…. (lo correcto sería decir comunismo, pero cada cual le cambia las palabras de la pluma a Marx y pone lo que quiere; por lo mismo, podríamos decir que en este caso es el fantasma del nihilismo).

¿Y la causa de esto? La miseria, como es lógico. Siempre la miseria, de algún tipo o de otro, provoca alguna serie de cambios trascendentales en la ideología. Para el alemán de prominente bigote, esta se divide en tres tipos: miseria espiritual, corporal e intelectual. Pero en el fondo, es una sola, la miseria como unidad casi indestructible es la causa de este pensamiento nuevo.

Entonces, el autor comienza a hablar sobre la interpretación cristiana de la moral. Obviamente, para él esta es completamente falsa.

 Y eso es lo que provoca el llamado escepticismo de la moral. El preludio al nihilismo, desde luego. Es una decadencia de la interpretación moral del mundo. Es una nostalgia de la nada. Es… es mirar al mundo con los ojos cubiertos por un velo oscuro, de esos que impiden razonar con prudencia, me atrevería a decir; aunque quizá Nietzsche me miraría con circunspección, con ese rostro a través del cual la gente dice “estás equivocada”. Aunque en realidad, no lo conozco, y lo poco que sé de él es que estaba completamente loco. Así que quizá se lanzaría en un arrebato, y me diría que yo jamás escuché los sermones de Zaratustra (falso), o que nunca los entendí (le concedo el beneficio de la duda). Diría, entonces, que estoy viciada por el mundo teologal cristiano, y que no soy capaz de analizar las cosas con distancia.

 En su réplica, Nietzsche soltaría más cosas, claro, ante mi turbia intervención.

Diría que el pensamiento político y económico del mundo ya ha cambiado, que no es ese mismo que me enseñaron sentada en el aula de un retrógrado colegio católico. Que la cruz sobre el pizarrón no implica sino un retroceso en el mundo de las ideas, un mundo que rechaza a aquel otro en el cual todos los principios cayeron en la interpretación teatral.

¿Y cómo definiría este loco a las ideas que rondan en la cabeza de nosotros, los conservadores, los que aún anhelamos vislumbrar una gota de esperanza a través de los sermones parroquiales?

 Mediocres, diría. Mezquinos. Falsos.

Débiles.

¿Y por qué surge, entonces, este nihilismo? Por la misma falta de respuesta al por qué. No se conforman con lo dicho por la miss Pilar en las clases de religión en un colegio de provincia, que insistía  en que Dios había muerto por nosotros para salvarnos de él mismo, pero que eso lo hacía, precisamente, un ser infinitamente bueno. A diferencia mía, el nihilista no se lo traga.

Y de ahí es donde surge el llamado nihilismo radical, esto es, el convencimiento de la insostenibilidad de la existencia. No, ya no hay más valores mayores que se reconocen. Tampoco tenemos derecho siquiera a pedir un más allá. ¿Por qué íbamos a tenerlo? ¿Acaso somos más que el resto, diría Nietzsche, más que una piedra, una lagartija o un lirio en flor?

No. De ningún modo lo somos. De eso el alemán estaba seguro.

Y la moral cristiana es el principal antídoto contra el nihilismo.

Así, con su acento germánico y su bigote que sobresale, nuestro Federico anunciaría su antinomiamientras creamos en la moral, condenamos su existencia.

Eso. En realidad, de leído no llevo mucho.

Publicado por angelesmenablog

Escribo. Pienso. Vuelvo a escribir, borrar y reescribir. Vuelvo a pensar. Todavía no sé, realmente, si es que existo.

7 comentarios sobre “Mientras leo: La Voluntad de Poder

  1. ¡Hola, Ángeles! ¿Cómo estás? Soy Diego, quien te preguntó si podía contestarte acá. Lo hago, porque siento que Estudiantes UC no es un instancia para darte una opinión de qué me pareció lo que escribiste. Ahora, aquello que nos convoca…

    Hace dos semanas atrás reabrí Facebook, y me llegaron algunas notificaciones tuyas de la página Estudiantes UC. A mí no me gusta esa página, pero decidí leer lo que escribiste, y me encantó. ¿Sabes? Me recuerdas mucho a mí cuando tenía tu edad -yo ahora tengo 27-, y me encantó que tuvieras intereses en cosas que no son las que comúnmente se ven en niñas de tu edad -como reventarse en las fiestas-. Me encantó que tuvieras en YouTube un canal para enseñar Historia, y que escribieses. Aunque da la impresión que te sobreexpones un poco, si no lo hubieses hecho no hubiera conocido a alguien que le apasione esas cosas que algunos consideran ñoñas. De verdad, me entusiasmó la pasión que pones en lo que haces -aunque, quizás, pocos te entiendan- porque me haces sentir que no estoy tan equivocado por también amar esas cosas…

    Y mi crítica va por ese lado. Tengo la impresión que te estás haciendo las preguntas correctas, pero estás bebiendo de fuentes “envenenadas”. Si tu corazón anhela la verdad con ahínco, lee sobre aquellos autores que crearon la que hoy llamamos Civilización Occidental, no de aquellos que la destruyeron. En ningún caso te digo “no leas a este tipo o a este otro”; pero, si quieres saber el por qué nosotros somos mestizos, por qué razón creemos que es de muy mala educación prestar con intereses a los amigos, o por qué los países tienen cierta idiosincracia, no leas a autores que abiertamente desprecien a la Iglesia o que se apoyen en filosofías como el empirismo, el posmodernismo, o el racionalismo. Como bien dices, la filosofía es tan poderosa que permea las sociedades, y la actual se basa en una escuela que niega la existencia misma de la verdad…

    Me gustaría conocerte algún día, porque da la impresión que eres de esas personas con las cuales uno podría conversar horas y horas; sin embargo, y al igual como me ha pasado con muchas personas que fueron mis amigos en algún momento de mi vida, me dolería que que dijeses “no podemos ser amigos, porque nuestros modos de pensar son irreconciliables”. Y trata de ser más indulgente contigo misma, sin dejar de ser exigente.

    ¡Un fuerte abrazo! ¡Disfruta tus vacaciones! ¡Éxito en todo! 😀

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    1. Wow. Y digo wow porque dijiste unas cuantas verdades que me sorprendieron de sobremanera. Sí, puede ser que me sobreexponga un poco, pero creo a veces que es un precio a pagar por recibir comentarios como los tuyos, de esos que hacen sentir que uno no es tan rara en este mundo. Y no creo que vaya a hacerle ascos a nadie, ni decir que no podamos ser amigos, por el hecho de pensar de una manera distinta. Es más, lo considero como algo digno de complementarse, de buscar los puntos en común y encontrar diferencias que matizan el panorama con más colores y perfiles.

      Y con respecto a las ideas y los autores, no creo que haya ninguno que permita la destrucción de la filosofía moderna. Es decir, cada uno presenta una tonalidad distinta (otra vez hablando en términos de pintura, espero que valga la analogía) de lo que es el momento histórico en el que se vivió, y permitió un avance social y cultural importante, que devendría en uno político que marcó la historia de la humanidad. Un avance, sí. Quizá no en la dirección que esperaríamos. Pero avance al fin y al cabo.

      Yo no analizo tanto la filosofía con un objetivo meramente del uso del raciocinio y la lógica. Para mí, la filosofía es el motor a través del cual se mueven los procesos, la historia en sí.

      Pero está claro que Aristóteles y Santo Tomás, que Platón y los presocráticos, que San Agustín y David Hume presentaron ideas potentes y tan loables como Nietzsche y el oscuro de Heidegger. Sin embargo, hay que mirarlos a todos, darles una vuelta, y entender cómo influyeron en la historia.

      ¡Saludos!

      Le gusta a 1 persona

      1. ¡Impecable respuesta! Y la analogía con la pintura es atingente. Cada autor es importante, aunque prefiramos ciertas “paletas de colores” porque nos hacen más sentido. Sólo resta decir que deseo que Nuestro Señor permita saciar tu sed de Verdad algún día. Sin duda, Derecho te ayudará con eso.

        ¡Un fuerte abrazo! ¡Saludos desde Talca! ¡Me alegra que te gustase mi comentario!

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  2. Buena Angeles, muy bueno lo que escribiste. Más que por el contenido, me gusta tu estilo relajado para escribir, lo encontré genial.

    Te recomiendo un libro que te va a gustar, está en la biblioteca de la universidad: “La libertad, ¿para qué?” de Georges Bernanos. El libro tiene varios ensayos pero el que lleva el nombre del libro es el mejor, lectura obligatoria.

    Saludos de un compañero de carrera!

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  3. Hola Ángeles, te felicito por lo que escribiste, lo haces muy bien. Comparto contigo el gusto por la filosofía, pero te debo confesar que Nietzsche no es de mis autores de cabecera, asi que es poco lo que puedo aportarte sobre el fondo. Espero sigas escribiendo. Yo estaré atento para leerte. Saludos!

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