Mientras leo: Historia del derecho romano, Wolfgang Kunkel

 Estoy leyendo múltiples cosas a la vez. Entre un grueso tomo de Paul Auster, otro de Nietzsche y un tercero, de Kunkel, sobre la historia de Roma, puedo decir con toda fe que he tenido unas vacaciones justificadamente productivas. Y es del tercer libro mencionado, el de Roma, del que quisiera hablarles ahora.

 He leído poco, la verdad, y se nota que este influyó de sobremanera a su traductor, el romanista Juan Miquel, y posteriormente, al discípulo de este, mi profesor de Romano I, el eminente Carlos Amunátegui. Tienen un estilo similar de contar las cosas (una buena pluma, como Amunátegui podría decir), y los hechos que relatan (a menudo disímiles entre los romanistas, como si de evangelios se trataran) son exactamente iguales.

 El texto comienza con la presentación de la población y el territorio de Roma. Habla que en su inicio, la ciudad estaba concentrada en un estado-ciudad, un único reducto fortificado, a través del cual fluctuaba la vida social, política y económica.

 A comienzos del siglo IV aC, Roma empieza a tener recién un papel verdaderamente importante. La ciudad comienza a crecer. Ya en el siglo III aC Roma domina toda Italia, teniendo esta unos cambios fundamentales en la economía y en la propia sociedad.

Kunkel, a continuación, pasa a hablarnos de la población, del origen latino de los habitantes, y como elemento importantísimo, su lenguaje común. Sé que ustedes, lectores, me podrían contemplar con esa cara que dice “eso es obvio”. Pero no llega a ser lo suficientemente evidente como para dejar de mencionarlo. Hablemos, entonces, y escapándonos un poco de la prosa de Kunkel, acerca del latín.

 Bien sabemos que todas las lenguas romances tienen su origen en el latín. Sabemos también que otros idiomas han heredado resabios de éste también, como el inglés, por ejemplo. Sin embargo, ¿quién realmente se ha planteado de dónde surge esta lengua? No apareció de la nada, precisamente.

Kunkel hace referencia a su origen indogermánico, una de las pocas diferencias que noté con el vocabulario de Amunátegui, que diría más bien indoeuropeo. Básicamente, son lo mismo.

Expliquémoslo bien, para que quede claro este remoto origen del latín.

Hubo alguna vez una teoría conspirativa (como de esas que aparecen en Youtube hablando sobre ovnis, tierra plana y la CIA) en pleno siglo XIX, que planteaba la existencia de un imperio, el imperio ario, que habría dominado la Europa arcaica y parte de oriente.

Por mucho que podamos rechazar de plano esa teoría, tenemos que entender que tenían sus razones que los avalaban. Existían en los idiomas alemán, latín e hindú una serie de similitudes fonéticas asombrosas. La palabra utilizada para derecho, o recto, o dios, o padre, eran demasiado parecidas en todos aquellos idiomas para ser casualidad. Pero la mayoría de las palabras, sin embargo, que terminaban por asemejarse, eran relacionadas con la agricultura. Vaca. Campo. Pasto, hierba. Tierras. Cerros. Laderas.

 El punto está en que sí hubo una lengua común, vinculada únicamente a la agricultura, y a las relaciones agrarias. Y desde ahí, precisamente, desde esas primeras organizaciones agrícolas de los hombres primitivos, surgió el latín.

 Los etruscos, por su parte, aquellos que se llegaron a instalar en Italia durante el siglo VI aC, no tenían una lengua indogermánica, sino otra aparte, propia de su pueblo. Dicen que venían de Asia menor, pero no se tiene ninguna certeza. Su arte, en todo caso, se asemejaba bastante al arte griego, lo que podría dejar para pensar un poco.

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Arte etrusco

 Pasa el autor, entonces, a mencionar la situación económica y social, describiendo a la Roma primitiva como una zona principalmente rural.

No llevo mucho más allá, pero considero que el libro presta, sin duda alguna, una panorámica bastante acabada de lo que es Roma. Si bien aún voy en lo que suponen los primeros siglos de la existencia de la cultura romana, se pueden rescatar varios datos relevantes.  No sé nada de Kunkel más que lo poco que he leído de su libro, pero sí puedo señalar con toda certeza que es un historiador detallista, con una prosa pulcra y sin dejar lugar a confusiones.

Publicado por angelesmenablog

Escribo. Pienso. Vuelvo a escribir, borrar y reescribir. Vuelvo a pensar. Todavía no sé, realmente, si es que existo.

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