[Antiensayo] El nuevo contrato social


“La política no es una especulación; es la Ciencia más pura y la más digna, después de la Filosofía, de ocupar las inteligencias nobles.”

J. Pablo Duarte

“El hombre es un producto social y la sociedad debe impedir que se pierda para ella”

Miguel de Unamuno

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Desde el inicio de nuestra educación formal, se nos ha enseñado la correcta estructura de un ensayo. Creo haberla aprendido en el momento en que fue requerido, y haberla adquirido para los ensayos que consideré pertinente aplicarla. Estos, sin embargo, no corresponden a aquellos. Estos ensayos, si pueden llamarse como tales, no siguen otra más que la estructura y la forma que yo misma he decidido darles para que su sentido tenga más vida, y si su nombre es “ensayo” no es por el sentido académico que las universidades han acuñado y le han otorgado un sentido estricto al término, sino al origen de éste, a Montaigne, el verdadero padre y dador de vida de esta palabra. Ensayar es, al fin y al cabo, pensar por escrito; es extender la mente y las ideas a algo externo a nuestro propio corpus y ánimus y hacer vivo lo que antes era solo una entelequia inteligible por una única razón, susceptible de ser olvidada al cabo de breves instantes.

Primera idea: la comunidad como elemento esencial de la naturaleza humana

 Política. El hombre es un ser intrínsecamente político, y eso está dado por su carácter de ser social. En palabras de Aristóteles, “quién pueda bastarse a sí mismo, sin sociedad, o es un Dios, o es una bestia”. El hombre no es capaz de subsistir sin un todo colectivo que lo sostenga; es decir, sin una sociedad que lo haga funcionar dentro de ésta. Necesita de otros, necesitamos de otros, es algo que viene dado por el mero hecho de ser. Si un niño, al llegar al mundo, es abandonado a su suerte, no sería capaz de realizar ninguna de sus actividades o procesos básicos, demostrando así que, desde un primer momento, desde ese instante en que aún no conocemos la vida, en que esta nos es algo nuevo y extraño por completo, desde ya es fundamental el contacto con el otro.

Segunda idea: la política como motor de comunidad

 ¿Y cómo ejecutar esta necesidad de colectividad, en un entorno de individualismo e intereses personales imperantes? Porque tampoco podemos negar esa aparente dualidad: el hombre, a su vez, quiere velar por sí mismo, por su propio bienestar, y es por eso, precisamente, que busca al otro. Busca al otro para encontrarse a sí, para suplir sus carencias, para sostener aquello que le dificulta. La naturaleza humana no se manifiesta a través de la mera liberalidad en su más pura expresión, sino que sería más bien una serie de actos de tipo oneroso. Entonces, si lo que deseamos es organizarnos en comunidad, ¿cómo plantear las necesidades individuales y solucionarlas en conjunto? Aquí es, precisamente, donde entra en juego el concepto de política.

 La política consiste en el arte de gobernar. Y gobernar no es sino hacer valer un poder delegado, una autoridad dada por la convención social. Habrá quienes, antaño, dirían que el poder viene de Dios, que éste se lo da a los hombres y finalmente ellos se lo otorgan al rey. Otros afirman que el poder se lo dan directamente los hombres a los soberanos. Sea como sea, la soberanía, el poder, la autoridad, está en manos de hombres, de seres de carne y hueso, que por medio de convenciones sociales han decidido delegarla en ciertos individuos, para que estos la organicen del modo que sea más conveniente.

Aquí entra en juego lo que Jean Jacques Rousseau definía como el contrato social. Es el hecho de que llega un punto donde el hombre deja de ser un “buen salvaje”, se reúne y se organiza en sociedad, determinando qué es lo bueno y qué es lo malo, dónde está lo correcto y lo incorrecto, dónde está el límite entre lo propio y lo ajeno. No fue el único en plantearlo, también está el concepto que Hobbes planteaba en el Leviatán, por ejemplo, o el de John Locke. Pero me gusta más la idea roussoniana, porque al final, aplica al desarrollo humano visto no desde un punto de vista cronológico, sino más bien evolutivo en cuanto al ser individual.

Tercera idea: el contrato social de los nuevos hombres

  Otra vez, volvamos a la figura del niño. Ese pequeño que viene al mundo sin conocer a nadie, sin entender de qué se trata este asunto tan complejo que es existir, cree en un primer instante que está solo. No sabe que el resto también es persona, que también forma parte, a su vez, de la comunidad en la que están insertos. Y poco a poco, esa distinción entre tú y yo se marca con más evidencia, con una claridad lo suficientemente nítida como para hacer ver que somos parte de algo, que eso tiene reglas, y que hay que acatarlas. Hay que compartir, convivir, entender los límites entre lo propio y lo ajeno, entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo posible y lo imposible, lo moral y lo inmoral. Así, se empieza a formar un individuo más en este conjunto de seres que forman un todo, una colectividad única, una comunidad social. Uno ya no es un ente individual, sino que es solo un órgano, una parte, una pieza que articula este engranaje.

 Y así, nuevamente, se vuelve a vincular la idea del hombre social con la figura del ser humano como animal político.

 Al nacer en el mundo social, nacemos también en el mundo de sus regulaciones y sus límites, esto es, de lo establecido. Y eso se establece mediante el orden jurídico y político. Sin autoridad, no habría relaciones de familia, ni de Estado nacional, ni de comunidad internacional, ni de nada. Sin una ley imperante, sin una ejecución que permita hacer valer esa autoridad soberana, no existe la sociedad como la conocemos, sino que, si bien tendríamos una serie de relaciones humanas, estas serían caóticas y disruptivas. La armonía esta dada por el orden político, lo que deriva en un orden social.

«En lugar de destruir la igualdad natural, el pacto fundamental, por el contrario, sustituye la desigualdad física que la naturaleza pudo haber establecido entre los Hombres por una igualdad moral y legítima. Los Hombres, pudiendo ser desiguales en fuerza o en talento, se hacen iguales por convención y por derecho»

Rousseau- El Contrato Social.

Publicado por angelesmenablog

Escribo. Pienso. Vuelvo a escribir, borrar y reescribir. Vuelvo a pensar. Todavía no sé, realmente, si es que existo.

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