4 de julio de 2019 – algo que escribí en ese entonces

Este ha sido un año un tanto convulso para la política nacional; desde reformas educacionales que no dejan a nadie lo suficientemente conforme (sea por el aparente carácter ultramontano o en extremo libertino, ya poco importa), conflictos en el sur que abren nuevamente el debate sobre el concepto constitucional de terrorismo contenido en el artículo noveno, presidentes de la República acusados de tráfico de influencias, jueces corruptos, y un larguísimo etcétera. Se nos cayeron del pedestal. Pero acá lo curioso viene siendo otra cosa. Es el reflejo que tiene esto en los jóvenes, en el micropaís que se forma en las universidades, en las sub sociedades que se crean entre las facultades donde, en teoría, surge el pensamiento crítico, el cuestionamiento dialéctico de las teorías políticas y la búsqueda de lo que supone un mejor futuro. Es el efecto espejo. La gente, adoctrinada, repite lo que oye. El pensamiento se diluye en una masa de información amorfa, sin más luces que lo que es políticamente correcto, de lo que suena bien, de lo que permite ganar más adeptos y más amigos. No hay que ser muy conservador, pero tampoco muy extremista de izquierda; al menos no si se estudia en ciertas universidades donde la masa de estudiantes profesa cierta doctrina más bien conservadora. Estamos en la cultura del centrismo, del “te respecto, pero no te acepto”, del “creo esto, aunque no lo entiendo, y no pretendo entenderlo, ¿cuál sería el sentido de ello, qué ganaría?”. Estamos reflejando a un país que se nos cae a pedazos. Un país que se nos arranca de las manos con discusiones inocuas, fútiles, sin más propósito que ganas la discusión en sí, no de aportar a las ideas. Me recuerda, de algún modo, a la discusión dogmática entre el jurista Alessandri, el hijo mayor del León de Tarapacá, defensor de la teoría de la nulidad, y Luis Claro Solar, quién arguía que la inexistencia sí tenía valor en el código civil. Los efectos, tanto de la nulidad como de la inexistencia, eran los mismos en la praxis. El tema era una sutileza cuyo aporte a la vida real era prácticamente nulo. Lo mismo ocurre acá. Discuten por discutir, se desprecian por el hecho de pensar distinto y no comprenden que la idea y propósito de crear conocimiento está, precisamente, en entender que los conceptos son lo suficientemente amplios como para abrirlos en múltiples caras. No hagamos de la vida universitaria una miniatura de este país destrozado. Chile sufre, sí, adolece profundamente de los dolores de una división histórica profunda, y de una necedad que le han causado el exceso de medios informáticos y la falta de información y de medios.

Publicado por angelesmenablog

Escribo. Pienso. Vuelvo a escribir, borrar y reescribir. Vuelvo a pensar. Todavía no sé, realmente, si es que existo.

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