Cuestión de principios: pequeña crítica a Cristián Warnken

En una columna de hace varios meses, Warnken afirma lo siguiente: Hay una diferencia de grado entre el “polemizar”, que consiste en imponerse a través de formas efectistas en la discusión (y muchas veces destruir o “matar” al interlocutor), y el diálogo, que es un hablar atento a la verdad. El lenguaje no es un instrumento para engañarse recíprocamente, un recurso para la lucha, sino para el entendimiento y la comunicación.

Sin embargo, no veo por qué habría de ser necesariamente algo negativo el hecho de que exista lisa y llanamente una polémica respecto de ciertos hechos, en el sentido que Warnken lo utiliza; es decir, a través de la imposición de las razones (en algunas ocasiones, de maneras efectistas; en otras, simplemente arbitrarias). El diálogo, sin duda, es necesario en casi todo momento, pero, ¿hasta qué punto, cuál es el límite de lo dialogable y lo que no lo es? ¿No hay, o al menos, deberían haber “opiniones de orden público“? (el término es un invento mío, que conste)

Sí, es cierto que suena a algo intolerante, absoluto y arbitrario. Pero si todo es susceptible de discusión, de crítica y de colocarlo en tela de juicio, dispuesto a un escrutinio popular e ignorante, estamos relativizando muchos aspectos que no deberían ser relativos.

Pongamos un ejemplo: imaginemos que nace un niño con Síndrome de Down, y la madre decide que no es capaz de cuidarlo, y teme que, si lo entrega en adopción, va a sufrir. Por tanto, opta por cometer parricidio, y solicita no solo inmunidad, sino un amparo jurídico para ello. ¿Es “discutible”, acaso, esa situación? Sin lugar a dudas, no. No hay espacio al diálogo, sino a la imposición más arbitraria, tajante y mordaz del ordenamiento jurídico: el parricidio es uno de los delitos más graves que tipifica el Código Penal.

Lo mismo ocurre con casos como la necesidad imperiosa de un Estado ordenador del derecho. No podemos conversar si queremos o no Estado de Derecho, por ejemplo, porque de decidir una opción contraria al mismo, ya se eliminarían todas las siguientes posibles discusiones y diálogos; reinaría el caos y la anarquía. Sin embargo, sigue siendo un aspecto polémico en todo su aspecto. Incluso hay intelectuales que, desde el anarquismo, ven una solución a los problemas sociales; pero no podemos darles cabida en la “mesa de diálogo” (generalmente tácita, pero cada vez más expresa) que se genera a la hora de establecer los parámetros de la sociedad civil. Sería, como mínimo, una paradoja en términos sociológicos y políticos.

El diálogo es positivo, es bueno, pero no hay que extrapolarlo para cualquier cosa. Es necesario, a veces, sentar algunos principios, algunos cimientos, sobre los cuales se pueda construir.

Publicado por angelesmenablog

Escribo. Pienso. Vuelvo a escribir, borrar y reescribir. Vuelvo a pensar. Todavía no sé, realmente, si es que existo.

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