Venceréis, pero no convenceréis. Libertad de expresión en la U de Chile

Venceréis, pero no convenceréis

Bien sabemos que la universidad en sí misma, como concepto que surge en Palermo, Italia, y se expande por Europa a finales del siglo XIII, es lo que Miguel de Unamuno llamaba el “templo del saber”. Al fin y al cabo, es en universidades donde se gestan las mentes que, a posteriori, irán cambiando las estructuras políticas, sociales, filosóficas, científicas o artísticas que existan en la realidad presente. Las universidades son el cúmulo de mentes que, agrupadas, buscan encauzar su pensamiento hacia una suerte de progreso. A veces resulta, y vemos cómo los avances en distintas áreas se materializan desde la abstracción más teórica hasta la comprobación empírica, y luego, poco a poco, esos avances se pasan a tener como naturales, como obvios, como si no fuera algo que, de no haber existido, previamente, esa mentalidad intelectual colegiada, no existiría en absoluto. ¿Es que podemos concebir, acaso, un mundo sin penicilina, sin carreteras, sin derechos para los trabajadores? O tal vez, ¿podríamos concebir el arte sin proporciones, sin anatomía, sin nociones de perspectiva y teoría del color?

 Pero, aún cuando reconocemos abiertamente la necesidad de que hayan templos y cunas de las mentes que harán progresar al mundo, hay quienes se niegan, tajantes, a permitir el desarrollo más primero, necesario y vital de los jóvenes que, entre ansiosos y cargados de nerviosismo, asisten a las universidades. Se les priva, muchas veces, de algo por lo que nuestros padres, abuelos, y los padres de éstos, y los abuelos de aquellos, lucharon hasta perder la vida. Las avenidas y calles de todas las ciudades del mundo, diría yo, tienen restos de sangre que aún no seca, sangre de la gente que murió por eso. Estoy hablando de la libertad.

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Como diría John Milton, «Antes de perder la libertad es mejor quedarse ciego para no tener que sufrir el triste espectáculo que nos iba a ofrecer nuestro triste espejo»

Hace hará dos semanas que una estudiante de la Universidad de Chile presentó una exposición en las clases de Inglés, diciendo lo que muchos podríamos calificar de absurdo, o tal vez, simplemente no compartir como propio aquello que salió, genuinamente, de la boca de la joven. Se plantó frente a la sala, un auditorio lleno de estudiantes de aspecto lánguido, cansado y hasta aburridos, y frente a un profesor de ascendencia judía, que la observaba dispuesto a evaluar con alguna calificación genérica, probablemente dentro del promedio de lo que había evaluado respecto del resto de los estudiantes ahí presentes. Aunque no lo sé, tal vez era una excelente alumna, o puede que se haya encontrado más rezagada en el aspecto académico, y no iba a destacar por nada, ni por nadie. Da igual. Ella hoy está siendo sometida a un sumario académico, y con los ojos de todo el país puestos, de forma crítica y condenatoria, en las opiniones que emitió frente a su clase.

Dijo que ella admiraba a las personas con capacidad de oratoria, y que era un modelo a seguir, en ese aspecto, quien pudiera levantar masas y hacer que éstas se convencieran de cada palabra, de cada gesto, de cada idea. Dijo que la figura que, incluso, la había inspirado a escoger esa carrera y no otra era alguien con esas características, es decir, Adolfo Hitler. Habló de la gran habilidad que Hitler tenía en su discurso oral, y cómo éste la había, desde la distancia que plantea la historia, inspirado.

Me puedo imaginar el momento en que guardó silencio, habiendo acabado su discurso. No hubo aplausos. No hubo ruido tampoco. Solo las miradas, entre sorprendidas y burlonas, puestas sobre la joven. Y el profesor, entonces, del mismo modo que declaró ante la prensa, debe haber dicho que para él era “incómodo evaluar algo semejante”.

No estoy diciendo, con esto, que el progreso esté en manos de esta persona en particular; ni de nadie en particular, de hecho. Pero el progreso, en general, se basa en la libertad de pensamiento. Los pensamientos disímiles, por su parte, se combaten con ideas, con diálogo y argumentos que, por su propia naturaleza, salen de los conocimientos racionales que se gestan en el ambiente universitario. Entonces, cuando dejamos libre a la facultad de pensar, se va a generar – de forma intuitiva, casi – un espacio para hacerla crecer, perfeccionarse y profundizarse cada vez más. Es la gracia del diálogo.

No obstante, el pensamiento también puede verse socavado, como ocurre en este caso. La libertad, en estos momentos, no existe, porque las ideas no se combaten con ideas sino, más bien, con fuerza bruta. Pensar distinto, una vez más, está prohibido.

Me gustaría citar a Unamuno, en su discurso que dio en la Universidad de Salamanca (donde casi muere asesinado por la muchedumbre furiosa, defensores acérrimos del fascismo y del General Astray). Lo que dijo, en un podio frente a ellos, fue lo siguiente:

Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha.

Hoy quiero reivindicar a la libertad de pensamiento. Sea cual sea la idea que surja de nuestra facultad racional, esta debe ser capaz de manifestarse. No importa que sea objetada. No importa que no sea correcta, incluso. Deberíamos todos ser libres para decir lo que creemos, y los demás deberían ser lo suficientemente razonables como para discutir, sin gritos, sin fuerza bruta, sin agresión, los puntos que les parezcan objetables.

De lo contrario, van a vencer, sí, pero no convencerán a nadie.

Vean aquí el link a la noticia.

Publicado por angelesmenablog

Escribo. Pienso. Vuelvo a escribir, borrar y reescribir. Vuelvo a pensar. Todavía no sé, realmente, si es que existo.

4 comentarios sobre “Venceréis, pero no convenceréis. Libertad de expresión en la U de Chile

  1. Probablemente por el hecho de que mentes como esas generan polaridad y guerras. También espero que esas mentes tan brillantes puedan ser responsables de la carga emocional que generan ciertos hechos de la historia. Creo también, que es imprescindible que mentes tan brillantes como aquellas, sean tratadas seriamente con especialistas de la salud mental, porque al parecer, según este marco de “ingenuidad” que se trata de plasmar en este articulo, es evidente que existe una carencia en el marco social.

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  2. El Peithó contra el Phobos. Siempre será más fácil doblegar a la obediencia mediante el temor, que recurrir a la fuerza de la persuasión. El verdadero esfuerzo está en como propiciamos el diálogo fructífero como alternativa siempre preferible a la violencia de la intimidación. Estoy de acuerdo en que ella tenía libertad para presentar ese punto de vista, pero así mismo debió estar al tanto de que su decisión de presentar eso y no otro tema menos controversial le traería fuertes consecuencias. La verdadera libertad no llega sin la plena consciencia de lo que se hace. Una persona que logró estudiar en la universidad tiene a lo menos el intelecto de entender el argumento de por qué ese título es potencialmente conflictivo.
    Si expuso su punto sabiendo eso de todos modos, a lo menos merecía una respuesta racional de por qué ese trabajo no podía ser evaluado en ese momento.

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  3. De acuerdo con el articulo, vivimos tiempos oscuros en los que la libertad de expresión esta siendo reemplazada por una superioridad moral vacía repleta de eslóganes, titulares y discursos aprendidos pero totalmente falto de pensamiento critico y sentido común.

    Lamentablemente la Universidad de Chile opera mas como un centro de adoctrinamiento que como universidad, basta ver los estatutos propuestos por cierto centro de alumnos de la carrera de Derecho en los cuales fijaban una serie de principios de caracter ideologico que cuartaban totalmente la libertad de expresión y la disidencia de opinon

    https://ellibero.cl/actualidad/el-totalitario-nuevo-estatuto-del-centro-de-estudiantes-de-derecho-de-la-u-de-chile/

    Una lastima para el país los futuros profesionales ideologizados que egresen de esa y otras universidades, con esos principios tan autoritarios y fascistoides cargados de violencia, resentimiento y odiosidades añejas.

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  4. El profesor no usó la fuerza bruta para callar al estudiante, simplemente se declaró incompetente para evaluarlo y pidió que otro profesor lo hiciera. No veo gritos o agresión en la crítica al estudiante que reivindica a un líder fascista -que sí derramó la sangre de quienes eran diferentes-.
    La libertad de expresión no se le ha negado, y tu discurso conduce a pensar que sí. ¿Quién le ha prohibido pensar distinto? Por lo que veo se le dio un auditorio lleno para expresar las ideas que venía desarrollando hace quizás cuanto tiempo y la respuesta fue el silencio, no la agresión, muy distinto a como se comportaron los fascistas frente al discurso de Unamuno.
    Las premisas que intentas conectar con la conclusión no son coherentes, raro viniendo de alguien que pone en tan alto valor a la racionalidad

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