Los oídos no son para escuchar

El mundo suena, dicen. Pitidos agudos, ronquidos graves, el tac-tac de los zapatos pisando el suelo; el ruum-ruum de los automóviles, sus bocinas, gente que habla. Y hay quién, desde luego, puede oírlo todo a la vez, mezclarlo en su cerebro y procesarlo, para sacar una conclusión general de lo que está pasando. “Sí, aSigue leyendo “Los oídos no son para escuchar”